Juventud universitaria

diciembre 3, 2008

En estos días he participado como docente en un curso sobre cuestiones relacionadas con la cooperación al desarrollo. Las participantes (mayoritariamente mujeres) eran jóvenes estudiantes de la Universidad de València cuya motivación fundamental era obtener los necesarios créditos de libre elección para completar su currículum académico. Tengo colegas que no muestran una especial disposición para impartir este tipo de cursos, por la falta de motivación del alumnado (les interesan más los créditos que la temática del curso). Y sin embargo, yo me presto con frecuencia porque resultan un espacio en el que poder conversar con jóvenes que no están en los “círculos” en los que habitualmente me muevo con esos colegas. En definitiva son jóvenes “normales” que responden a la media del estudiante universitario.

Aunque la temática del curso era al cooperación al desarrollo, finalmente se convirtió en una excusa para hablar sobre la vida. Sobre la situación del mundo, sobre la situación de las personas que lo habitan. Y no deja de impresionarme, por mucho que participe en este tipo de espacios, la concepción habitual que la juventud universitaria valenciana (seguro que generalizable a la de otros lugares) tiene del mundo.

Son en general optimistas (piensan que en unos años conseguirán tener una vivienda en propiedad), hay problemáticas que en nuestro país ya están superadas, o casi superadas (piensan que no habrá grandes diferencias entre lo que les tocará disfrutar o sufrir, sean hombres o mujeres, la igualdad prácticamente está conseguida), tienen un desconocimiento profundo de lo que sucede en el mundo (si les hablas del saqueo de los recursos naturales de terceros países que perpetran las multinacionales españolas, te miran con cara extraña, como se mira a un extremista radical), abundan las opiniones preocupantes (si esas multinacionales españolas rapiñan los recursos de terceros países a precio de saldo, debe ser porque los gobernantes de esos países son bobos, o tienen un nivel cultural deficiente), etc.

Por supuesto que en una sociedad como ésta en la que vivimos, los espacios de socialización y aprendizaje son múltiples (la familia, los medios de comunicación, etc.). Pero si este es el perfil medio de la juventud que estudia en la universidad, no me queda otro remedio que pensar que esta universidad es un instrumento de atontamiento más.

Sin duda, llegará un momento en que estas personas terminen su ciclo educativo (tal vez con veintimuchos años, después de terminar sus carreras universitarias, algún máster) y desembarquen en el mundo real.
Y entonces la mayoría descubrirá que con los salarios de mierda que tendrán durante años, será imposible que adquieran una vivienda en propiedad (en muchos casos, será difícil incluso que accedan a una en alquiler), ellas descubrirán que lo tendrán mucho más difícil que sus amigos (entre otras muchas razones, porque su sueldo por el mismo trabajo será todavía más miserable que el de ellos), y si consiguen ahorrar a fuerza de sudor y lágrimas lo suficiente como para irse de vacaciones a algún país del Sur, y llegan con los ojos lo suficientemente abiertos, descubrirán que aquel tipo que alguna vez les contó sobre la rapiña de las multinacionales españolas no era un extremista radical. Pero entonces, tal vez sea demasiado tarde para muchas cosas.

54439_stop_bolonia1[Pincha sobre la imagen para leer sobre la Declaración de Bolonia]

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La importancia de una manifestación

diciembre 2, 2008

El sábado, miles de personas (12.000 según la policía autonómica, 40.000 según la policía nacional, 80.000 según los convocantes) se manifestaron en Valencia contra la política educativa del gobierno autonómico. Unos miles arriba o abajo, no hay duda de que fue una de las manifestaciones más importantes de los últimos tiempos en la ciudad de Valencia. Importante, por el número de personas asistentes, pero sobre todo por el motivo de la misma: la política educativa.

La derecha católica y conservadora de este país (a la que se puede acusar de muchas cosas, pero no de falta de inteligencia) ha convertido a la educación en uno de sus principales caballos de batalla.

Los datos más actualizados que he conseguido son los del curso 2003/2004. En ese curso académico, en el País Valenciano, un 22,9% del alumnado de educación infantil, un 23,9% del de primaria y un 24,9% del de Educación Secundaria Obligatoria, estaba matriculado en centros católicos. En definitiva, uno de cada cuatro jóvenes, se educa en centros católicos. Estos porcentajes superaban ligeramente la media en el estado español (18,8%, 21,5% y 22,8% respecticamente).

La permanencia de la asignatura de religión en el currículum académico, y especialmente la no introducción en el mismo de la asignatura de la Educación para la Ciudadanía, han sido dos de los temas centrales de la política católica frente al gobierno central.

Hace unas semanas, el Conseller de Educación, denunciaba que hay un sector radical que busca hacer política desde la educación. ¿Se refería tal vez a los sectores radicales de la derecha católica conservadora? Sin duda esos sectores tienen clarísimo que la mejor manera de influir social y políticamente en un país, es adoctrinando a su sociedad desde la infancia.

Por eso es tan importante que miles de ciudadanos y ciudadanas salieran a la calle a protestar contra esa política educativa.

manieducacion1Foto de M.A.Montesinos para Levante. Mas aquí.


Soy un radical

noviembre 2, 2008

Según el señor Font de Mora, Conseller de Educación del Gobierno Autonómico Valenciano, hay un sector radical que busca hacer política desde la educación.

Señor Font de Mora, me declaro uno de esos radicales que cree que hay que hacer política desde la educación, incluso que hay que buscar educar desde la política. No tengo duda de que muchos buscan hacer otras cosas desde la política, tal vez negocios. Tal vez señor Font de Mora usted sea uno de esos, de los que piensa que hacer política es algo terrible. Porque sino, ¿que tendría de malo hacer política desde la educación?

Porque no se si hablamos de lo mismo, pero cuando yo hablo de política, hablo de política. Me refiero a gestionar lo público en beneficio de la sociedad. Tal vez cuando usted habla de política se refiere a ese politiqueo ruin al que se dedican ustedes.

No se si usted se molestó en leer el REAL DECRETO 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria. Si, ese decreto en el que se establecen los objetivos y los contenidos de las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, y Educación ético-cívica. ¿Lo leyó, señor Font de Mora, antes de tomar la decisión de que en este país, las íbamos a impartir en inglés?.

Por si no lo hizo, y para que no tenga que buscar en el decreto, aquí se lo dejo. ¿Leyó donde pone lo de “La política como servicio a la ciudadanía:la responsabilidad pública”?

También afirma el señor Font de Mora que “hay un sector de la izquierda que piensa que el Partido Popular no tiene derecho a gobernar, en una concepción que a mí me parece antidemocrática y que, por otra parte, tampoco es nueva en la historia de España.” Me temo que el señor Conseller no se ha leido la historia de España. Porque si lo hubiera hecho, tendría claro que lo que es nuevo en la historia de España es que no gobierne la derecha, que históricamente lo hizo por las buenas o por las malas (habitualmente por las malas).


Yo también tengo una campaña

octubre 23, 2008

El amigo Juan, de Testigo Accidental, proponía hace unos días a raíz de la campaña del PP-CV una campaña alternativa. La idea me parece sugerente, y el artículo Educación para el Segregacionismo me ha dado la idea.

También puedes ver las aportaciones de Andrés, Kurtz y El Cadafal.


Educación para el segregacionismo

octubre 23, 2008

En ocasiones anteriores he hecho referencias a lo preocupante que me parece que cada vez sean más los niños, niñas y jóvenes de este país que se educan en centros católicos, sufragados por los impuestos de todos.

Hoy el diario El PAíS publica un excelente artículo del profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Enrique Gil Calvo. Lo titula Educación para el segregacionismo. En definitiva, como explica el profesor Gil Calvo, cada vez más se está dando un segregacionismo clasista entre los centros públicos y los centros privados concertados.

Hace unas pocas semanas, Fernando, un amigo al que ya he hecho referencias en otras ocasiones (habitualmente por la lucidez de sus comentarios) me sugería lo interesante de hacer una investigación. El objeto de la misma: analizar el comportamiento a la hora de elegir pareja en función del centro de estudios. Su hipótesis, a la que también alude el profesor Gil Calvo es clara. Quien estudia en centro público, termina teniendo una pareja que estudió en centro público. Quien estudia en centro privado, termina teniendo una pareja que estrudió en un centro privado. ¿Quién se anima a hacer la investigación?


Estado de la cuestión

mayo 9, 2008

Recojo tres noticias publicadas en prensa en una semana:

Los rectores anuncian que las universidades suspenderán pagos en pocas semanas.

El fiscal jefe de Castellón arremete contra la desidia de la Generalitat.

El Ayuntamiento de Castellón culpa al Consell de su bancarrota.

Las universidades valencianas al borde la suspensión de pagos porque el gobierno autonómico les adeuda 981 millones de euros (casi ciento cuenta millones de las antiguas pesetas).

El fiscal jefe de Castellón califica la situación de la fiscalía de insostenible y caótica y señaló: “Yo no me puedo hacer responsable de lo que se pueda producir”. Escasez de funcionarios, vacantes que no se cubren y trabas a los propios fiscales para el normal desarrollo de su trabajo.

El alcalde de Castellón, anuncia la bancarrota del ayuntamiento, y acusa al gobierno autonómico de que le debe 6,3 millones de euros (más de mil millones de las antiguas pesetas).

¿Educación? No hay dinero para las Universidades, y podríamos hablar de los barracones.

¿Justicia? No hay dinero para la fiscalía. Y podríamos hablar del juzgado de Nules, en el que ningún juez se atreve a llevar adelante el caso Fabra.

¿Ayuntamientos? Tampoco hay dinero para los ayuntamientos.

Y eso que la Comunidad Valenciana es la más endeudada de España. Y la cosa no tiene límite. El presidente de la Generalitat, todavía quiere endeudarse más. Y si no nos dejan endeudarnos más, ya tenemos a quien echarle la culpa. No tenemos agua porque los que la tienen no nos la quieren dar, y no tenemos dinero porque no nos dejan endeudarnos. ¿O sí que tenemos agua? ¿O es que nos gastamos el dinero en lo que no debemos?

Y en este panorama, el PP sigue ganando las elecciones por mayoría absoluta en la Comunidad Valenciana. Definitivamente, este pueblo no tiene remedio. Como sugiere mi buen amigo Fernando… disolvamos la autonomía. Regalémosle Castellón a Aragón, Valencia a Castilla la Mancha y Alicante a Murcia. Tal vez así nos fuera mejor.


Prensa colombiana

septiembre 6, 2007

Sigo con interés la prensa colombiana. Y la sensación habitual al leerla es de una profunda tristeza por la situación de ese país. Pero hoy leo una noticia que me ha llamado la atención y que no tiene nada que ver con esa situación.

En el diario El Tiempo del 4 de septiembre:

Multar a maridos o mujeres infieles y ‘alcahuetes’ pide el senador Edgar Espíndola

El senador, miembro del partido Convergencia Ciudadana, y de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, propone que “la infidelidad comprobada sea sancionada con 20 salarios mínimos y se someta a trabajos sociales los fines de semana”

Por lo visto, a la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia (o al menos, a uno de sus miembros) le interesa tanto lo que pasa en la cama de sus conciudadanas/os como a la jerarquía de la iglesia española.

Para muestra, dos cartas de sendos obispos españoles.

La primera de ellas fechada en agosto de 2004, del obispo de Palencia, titulada ¿Equiparables el matrimonio y la unión de homosexuales?. Sólo una perla extraída de la carta “aunque todos tenemos idéntica dignidad, no todos tenemos los mismos derechos”.

La segunda de ellas fechada en noviembre de 2006, del obispo de Tarazona, en relación a la Ley de Identididad de Género (permite a las personas transexuales cambiar el nombre y el sexo en el Documento Nacional de Identidad sin necesidad de operarse), titulada “Dios ama también a los homosexuales” (sic). Otra perla de esta carta “Uno no elige su propio sexo, por más que lo diga el Parlamento. Sea cual sea su inclinación (dejemos ahora lo que haya de biológico, sicológico o educacional), debe aceptarse a sí mismo como es y debe vivir su sexualidad en un clima de castidad, que le enseñe a amar gratuitamente.”

Y lo más precupante, una buena proporción de los centros educativos de este país, están en manos de estos señores, que reciben por ello una buena cantidad de recursos del Estado (en el año 2005, de los 3.500 millones de euros que fueron a parar a la enseñanza concertada, 3.000 fueron a parar a centros religiosos).