Obama y el taxista

obama_super_obama1Cuando ayer por la tarde subí a un taxi, en la radio hablaban sobre el inminente presidente estadounidense Barack Hussein Obama. El taxista se giró hacia mi y espetó “Estoy hasta los huevos de oir hablar de Obama”. Para luego explicarme (aunque no requería explicación) el porqué de su hartazgo. Obama en las primarias, Obama en las elecciones, Obama elegido, Obama en la toma de posesión.

En estos últimos días he leído y escuchado innumerables valoraciones acerca del Obama presidente. Unas optimistas, otras menos.

El taxista, emitió dos opiniones que me parecen sustanciales:

1) Se supone que este señor tiene poder para cambiar el rumbo del mundo, pero yo no puedo votarle.

2) Puede que este señor sea mejor que Bush, pero finalmente los que le “apretarán los huevos” serán los mismos que se los apretaban a Bush. Por si no quedó claro, con sus expresión “apretar los huevos” hacía referencia a los incontables lobbies de presión.

Finalmente, el taxista y yo llegamos a una conclusión compartida. El problema no es la persona, el problema es estructural. Mientras la concentración de poder sea tanta en una única persona, su capacidad de transformación será limitada. Por las múltiples presiones que recibirá, que llegando al extremo pueden convertirse en la presión de una bala. La solución por tanto no pasa por confiar la transformación a una persona que acumula tanto poder, sino por repartir el poder.

De las muchas cosas que leí sobre el nuevo presidente del mundo, les recomiendo dos: la de Guillermo en Migramundo, y la del profesor Vicenç Navarro.

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One Response to Obama y el taxista

  1. Tomasini dice:

    Pues va de Obama y de un taxista:
    Ayer, a eso de cuando iba a jurar el cargo Barack Hussein Obama, se fue la luz en la oficina. Lo sé pq estaba oyendo la SER con Yema Nierga y sus especialistas como Vòmits Izaguirre i resto de mariachis. Y cuando se acercaba al estrado Obama para jurar… ¡pum! se apagó la luz. A nosotros nos dio mala espinilla…
    Después me tuve que ir y agarré un taxi. Como estaba hablando por el móvil en valenciano, me dirigí a él en valenciano. Se puso como una moto porque era d’Ontinyent y a mitad de trayecto apagó el taxímetro y me cobró una miseria. Yo acostumbrado a lo contrario, no cabía en mi de gozo.
    Pues eso, Obama y el Taxista…

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