¿Dónde está la izquierda?

Hace apenas un año, conversaba con un amigo sobre la problemática de la vivienda. El diagnóstico de mi amigo no era erróneo. La voracidad de las constructuras y las inmobiliarias, la desvergüenza de los especuladores, la impasibilidad de los gobiernos ante la defensa de un derecho consagrado en la constitución, la corrupción en los ayuntamientos ligada a las recalificaciones del suelo… Tras ese diagnóstico, yo le preguntaba (y me preguntaba)… y ¿donde está la izquierda?

Hace unas semanas, conversaba con una amiga sobre la crisis económica. El diagnóstico de mi amiga tampoco era erróneo. La desregulación de los mercados, la voracidad del sistema financiero, el dominio de la especulación financiera sobre la economía productiva… Tras ese diagnóstico, yo le preguntaba (y me preguntaba)… y ¿donde está la izquierda?

Hace apenas unos días, conversaba en un taller sobre el sistema educativo. Las opiniones de las participantes no apuntaban en una dirección errónea. La transmisión de conocimientos frente a los procesos educativos, el desmantelamiento del sistema público frente a la educación concertada (en manos de la iglesia católica), la desmotivación del profesorado frente a un sistema perverso y pervertido… Y de nuevo les preguntaba (y me preguntaba)… y ¿donde está la izquierda?

Hoy leo en el blog del excelente escritor y lúcido pensador (no como el otro) José Saramago, una respuesta certera:

“La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”

“La izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca”

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One Response to ¿Dónde está la izquierda?

  1. Hortensia Ondo dice:

    Con la primera de las aseveraciones no estoy de acuerdo, es más, considero que la izquierda, la que está presente en la instituciones, – no la otra no subvencionada y de fuertes convicciones-, sí que sabe en qué mundo vive.

    Y por supuesto que comparto la segunda, la actuación cotidiana de esa “izquierda” nos lo confirma: ni piensa, ni actúa, ni se moja en nada, salvo en cuestiones rayanas en la demagogia en un intento de mantener cierta “credibilidad” que pueda suministrarle votos para mantenerse, aunque solo sea en un porcentaje de acompañamiento, a otros partidos afines que tampoco actúan según sus postulados de izquierda.

    Me retrotraigo a lo manifestado con respecto a la actuación de los sindicatos. En España, por ejemplo, dos son las centrales mayoritarias de inspiración izquierdista las que dirimen el asunto sindical y nunca se ha visto tan desprotegido el trabajador, jamás se ha tenido la inestabilidad laboral que ahora campa en el país. ¿Que informes, declaraciones, movidas, realizan los sindicatos en estos momentos de crisis? ¿Qué ofrecen a los miles de trabajadores que se ven y verán abocados a perder sus puestos de trabajo, algunos en una edad de dificil reenganche para recuperar un nuevo trabajo? El silencio ha sido la respuesta.

    El sindicalista desde hace años desempeña no una tarea de reivindicación y lucha por los derechos y la dignidad en el trabajo, sino la de un administrativo -flojo y despreocupado, bien alimentado y pagado- que pacta, a modo de subasta con la patronal poniendo en riesgo los derechos de los trabajadores.

    No es un tema que se pueda abordar con una simple intervención en un blog, hay que tratarlo en profundidad. Pero no se hace, evidentemente. Los medios audiovisuales dedican su programación a cuestiones de “entretenimiento” de la mente en perjuicio del análisis de otras que sí tienen importancia y gran calado en la vida cotidiana del ciudadano. Este- el ciudadano- se deja inocular el virus de la frivolidad mediática empeñado en manejar lo más posible aquello que le ofrece la sociedad de consumo, sin ser consciente de que ese es el mayor veneno o enfermedad para una sociedad justa y saludable. Unos por omisión, otros por manipulación y muchos por desencanto estamos dejando la puerta abierta a todo tipo de degeneración del pensamiento, de la reivindicación justa y necesaria ante el monstruo de las siete o más cabezas -pocas- del poder y el capital. Ambos, nunca pierden ante una crisis de la etiología que fuere, sino que se consolidan más y más en llevar a cabo sus política de enriquecimiento a costa del empobrecimiento de la mayoría en todos los aspectos.

    La izquierda debería ser analizada desde la objetividad, por aquellos que aun defienden que su aportación es una realidad. Y no dudo que muchos de esa tendencia sientan verguenza e impotencia por la actuación de una izquierda acomodada en el absentismo más improcedente, contrario a lo que la situación requiere.

    La actual crisis en la que todos estamos inmersos requiere movilización, información, asesoramiento, agilidad en las acciones y ¿qué hace la izquierda? Mira, sin ver, permanece estática, insensible. A parte de no tener ni puta idea – a los actuales dirigentes de la izquierda- se les puede acusar, sin ambages, de no tener sensibilidad ni coraje para afrontar los retos a los que estamos expuestos y mucho menos estar en condicones de plantear soluciones dignas en una crisis que se veía venir y que al parecer es de amplio espectro.

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