La salud y el mercado

A estas alturas, parece que hay pruebas suficientes de que la vieja máxima liberal de que la suma de los egoismos individuales resulta en el bien común, no acaba de funcionar. Parece que el egoismo desmesurado de algunos (banqueros, constructores, especuladores) ha podido con el egoismo de los trabajadores hipotecados, y que el bien común es más común entre los primeros que entre los segundos.

Al final acabaré tomandole cariño al ministro Solbes. Una vez más ha reiterado que le parece tremendamente injusto que el Estado ayude ahora a los bancos. Pues sin que esto siente precedentes, estoy de acuerdo con el ministro.

Y sin embargo, todavía hay quien nos quiere vender la burra de que esa mano invisible que no ha funcionado con el sistema financiero, si va a funcionar con el sistema de salud. ¿Realmente piensan que los mismos a los que les importa un culo que la gente se quede en la calle porque no tiene con que pagar la hipoteca, les va a preocupar que se mueran de un cáncer si no tienen con que pagar el tratamiento?

Seguro que habrá quien piense que hasta los más egoistas tienen un límite. Para los que eso piensan, me permito contarles lo que hace unos años me contó una mujer chilena (país con un sistema de salud privatizado, Pinochet mediante). Me contaba esta mujer que unos años antes le habían detectado un cáncer. La operación indicada para tratar de solucionar su enfermedad costaba un dinero que ella pudo pagar con parte de los ahorros de muchos años de trabajo. Y se operó. En el momento que yo la conocí, el cáncer había vuelto a aparecer. Y de nuevo le recomendaban una operación. Las probabilidades de éxito eran de un 50%. Y el costo de la operación, los ahorros que le quedaban. Esa mujer chilena era madre soltera de una hija pequeña. Y tenía una disyuntiva. Si decidía operarse, y el resultado era exitoso, se quedaría sin ahorros, pero seguiría viviendo y podría seguir luchando por el futuro de su hija. Pero si se operaba y el resultado no era el deseado, su hija se quedaría sin madre, y sin dinero. Finalmente decidió no operarse porque de esa manera su hija quedaría sin madre, pero tendría sus ahorros para seguir adelante. Dos años después me llego la noticia de su muerte.

Si la historia les parece increíble, les recomiendo que vean el documental Sicko, de Michael Moore sobre el sistema de salud estadounidense (parte 1 y parte 2).

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