Carta a Betancourt

A pesar de lo complejo de conectarse a Internet en la sierra ecuatoriana, me llega esta carta que creo que no tiene desperdicio.

Querida Sra. Betancourt,

Excúseme, antes que nada, que no me dirija a su merced por su primer nombre (Ingrid) como suele hacerlo toda la prensa. Yo prefiero reservarme esta confianza solamente para mis amigos personales. Espero no se tome esto a mal.

No me dirijo a usted esta vez para pedirle por los amenazados, desaparecidos, desplazados, falsos positivos, ejecutados, ni presos sin debido proceso en Colombia, por los cuales, dicho sea de paso, no ha dicho usted ni una sola palabra. Ni tampoco quiero pedirle, en esta ocasión, por los cerca de 250 secuestrados en poder del paramilitarismo, de los cuales usted tampoco ha dicho nada. No, en realidad, me dirijo a usted por un problema mucho menos grave que la espantosa crisis humanitaria que se vive en los campos de Colombia, pero no por ello, menos urgente.

Me refiero a las políticas de inmigración, represivas y racistas, que hay en Europa. Hace poco, ha de saber, el Parlamento Europeo ha impulsado una nueva ley sobre inmigración, la llamada Directiva Retorno. Esta es una cosa bien berraca: ¿sabe que a un inmigrante ilegal latinoamericano le pueden dar prisión hasta por 18 meses en unos campos de concentración que llaman con el eufemismo de “centros de detención”?

Como será de fea esta situación que el secretario general de la OEA, el pusilánime de Insulza, se refirió a esta Directiva en duros términos, llamándola “represiva”. Y cómo será, que otro pusilánime, el presidente peruano Alan García, convocó a una reunión extraordinaria de la OEA para analizar el tema. El presidente Correa, del Ecuador, manifestó su desagrado al punto de supeditar negociaciones comerciales con la UE a que deroguen esta directiva, a la cual los mismos europeos le han apodado, la “directiva de la vergüenza”. Lula los trató de xenófobos, Evo Morales les envío una senda misiva y Chávez, como no podía ser de otra manera, les amenazó de cortarles el suministro de petróleo. Todos están medio molestos que a los europeos se les pasara la mano.

Decido dirigirme a usted por este problema, porque parece que a usted si la reciben bien en Europa, con alfombra roja y todo. Hasta le han dado la doble ciudadanía. Sabrá que no a todos nos han recibido así.

Usted dijo que Francia era la tierra de la “fraternidad” y la “libertad”… pero para muchos inmigrantes las tierras galas están lejos de ofrecer este panorama. Lo de la fraternidad, ante el riesgo de deportación, les debe parecer un triste chiste de mal gusto, y lo de la libertad, con la posibilidad de 18 meses de cana, ni hablar. Del último elemento de esa trilogía, “la igualdad”, ya nadie se acuerda…

Además, parece ser usted una buena amiga del nuevo presidente de la UE, Nicolás Sarkozy. ¿Podría por favor decirle a Sarkozy que si no hubiera sido porque su padre enfrentó leyes de inmigración mucho menos severas que las que él está imponiendo, a lo mejor nunca hubiera salido de Hungría? ¿Podría recordarles que “el problema” de inmigración que ellos dicen tener no se parece en nada al que los africanos y latinoamericanos hemos padecido durante siglos de inmigración europea? Y que conste que a nosotros, al menos, nunca se nos ha ocurrido quitarles las tierras, imponerles lengua, vestimenta y religión, ponerlos a hacer trabajos forzados o implantarles sistemas de apartheid, como ellos sí lo han hecho. ¿Podría recordarle que los inmigrantes le hemos puesto sazón a sus ollas, música a sus calles, brazo y cerebro a sus empresas, y hemos traído sangre nueva a un continente que, irremediablemente, envejece?

Pregúntele a su amigo Sarkozy como es eso de que habla de libre comercio para arriba, libre comercio para abajo, pero a los trabajadores se les impide circular de no ser con extraordinarias dificultades, y a los inmigrantes pobres se les trata como a perros callejeros. Hay libertad para los empresarios pero no para la inmensa mayoría de ciudadanos de a pie. ¿Sabe? Esta directiva fuerza a los ilegales a condiciones de trabajo forzado, les hace más vulnerables y así terminarán muchos aceptando condiciones infrahumanas con tal de no ser enviados de nuevo al desempleo y al hambre en sus países de origen.

Después de que termine su gira por cuanto santuario de la Virgen María hay, a lo mejor podría hacerles un favorcito a los latinoamericanos que viven en Europa y que no pueden entrar y salir tan fácil como usted. Sóplele al oído a Sarkozy que no sea así, que recule con la directiva. Porque si él no recula, a lo mejor los inmigrantes, que ya estamos bien mamados con toda esta legalidad represiva, nos decretamos en huelga general y a ver ahí cómo la ven. O a lo mejor nos da por cantarle ese verso de León Gieco, de su canción “De igual a igual”, que dice así: “Si me pedís que vuelva otra vez donde nací, yo pido que tu empresa se vaya de mi país, y así será de igual a igual”, y la hacemos.

Recuerde a los muchos colombianos que marcharon por usted en Europa… ¿cómo va a ser que ahora usted les dé la espalda? A usted la escuchan los europeos. Pase el recado por favor: la Directiva Retorno es una vergüenza. Después de esto, lo único que falta es que se les ocurra volver a crear a la Gestapo. Pero no les doy más ideas, porque hay varios que parece estarían muy entusiasmados con esto…

Me despido sin más por el momento,

José Antonio Gutiérrez D.
12 de Julio del 2008

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