Que Dios nos pille confesados

A través de El Rincón de Pablo Saldaña, descubro esta entrevista al obispo de Palencia José Ignacio Munilla. A cuento de la aprobación de la ley que adhiere a España al Proyecto Gran Simio, el señor obispo se lanza una diatriba que reproduzco en parte.

España está siendo utilizada como campo de experimentación de una ideología postmarxista que se caracteriza por su rebelión contra las raíces culturales de Europa, contra la antropología cristiana, contra la razón y contra la misma naturaleza.

La aprobación de una ley cuyos promotores pretenden “derribar la barrera de la especie”, supone una negación radical del concepto de persona. Esto es posible porque previamente ya se había puesto en cuestión el concepto de género (¡cada uno puede elegir su sexo!). Paralelamente, se subvertía el concepto de matrimonio, definiéndolo como la unión entre “cónyuge A” y “cónyuge B”. Para ello, había sido necesario primeramente minar la concepción de la sexualidad, desligándola de la procreación. Y, antes que nada, se había puesto en crisis el concepto del amor humano, reduciéndolo a unos sentimientos románticos volubles. Toda esta concatenación de despropósitos ha sido necesaria para que, en el momento presente, el Parlamento Español reivindique la libertad para los simios y el fin de la “barrera de la especie”.

En esta lógica de la irracionalidad, en España se sacrifican cien mil niños anualmente en su periodo de gestación, mientras que todo un Congreso de los Diputados, se ha movilizado en defensa de los monos. Congelamos embriones humanos, como si fuesen cobayas de laboratorio, al mismo tiempo que instamos a la prohibición de la experimentación con los simios.

(…)

Esta última batalla del laicismo postmarxista y de la ideología de género, pretende, en nombre de la libertad, negar la dignidad trascendente de la persona humana, para justificar su utilización como material genético. Sin embargo, la libertad es aquella cualidad del espíritu humano que permite a la persona no estar a merced de sus condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales. ¡Por eso somos libres!, de lo contrario estaríamos plenamente determinados, como los animales.

Luego leo que el PSOE, en su 37 Congreso apuesta por avanzar en laicidad.

Ramón Jáuregui, ponente de la comisión Nuevas políticas e instituciones para una sociedad en igualdad, ha destacado que los socialistas hacen una defensa firme de la laicidad, un aspecto que se abordará en la próxima Ley de Libertad Religiosa.

En este ámbito se han debatido aspectos como la “progresiva” y “consensuada” desaparición de símbolos religiosos en los actos oficiales y en espacios públicos. Aunque se ha rechazado la revisión de los acuerdos con la Santa Sede, la Ponencia socialista pone de manifiesto que la Iglesia católica “debe ser consciente” de que su especial tratamiento “no puede significar limitación alguna de la aconfesionalidad del Estado” y que la Constitución no mandata para “un eterno mantenimiento de relaciones especiales ni de privilegios”.

Y mientras debatimos si habrá o no habrá cruz en el acto de posesión del próximo presidente (o presidenta) del Gobierno, estos obispos de la caverna, siguen teniendo en sus manos la educación de una parte importantísima de las niñas y los niños de este país. Como diría un creyente, ¡Que Dios nos pille confesados!

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