El problema

En relación al post sobre Josep Lluis, escribe Luisete un comentario en el que afirma:

Lo que no es entendible, es que siendo el castellano la lengua oficial de españa desde hace….. haya gente que no se defienda con ella, ya que tan lengua suya es el catalán como el castellano, como el gallego a los gallegos, como el inglés a los ingleses.

Permíteme Luis que te de algunos datos de la “Enquesta 2005. Coneixement i ús social del valencià” relizada por la Generalitat Valenciana:

En la ciudad de Valencia, únicamente el 53% afirma entender perfectamente el valenciano y un 32,9% sabe hablarlo perfectamente. En la región de Alicante, apenas el 28,5% lo entiende perfectamente y el 18,3% lo habla perfectamente. En esta misma región, un 22,7% afirma no saber hablar nada en valenciano, y un 9% no entender nada en valenciano.

Teniendo en cuenta que el valenciano también es lengua oficial, ¿eso si te parece entendible?

Afirmas en tu comentario, Luis, que el castellano es tan lengua suya (de las valencianas y los valencianos) como el castellano. Y tengo una discrepancia contigo. Efectivamente, ambas lenguas son oficiales en el País Valenciano, eso es lo que establecen las leyes. Pero, afortunadamente, la lengua que cada persona siente como suya, no la definen las leyes. Eso, es una decisión pesonal.

Y en cualquier caso lo que, en mi modesto entender, deberían garantizar las leyes es que en un territorio en el que son co-oficiales dos lenguas, cada persona pudiera ser atendida, al menos en los servicios públicos, con la misma calidad en cualquiera de esas dos lenguas. Por eso entiendo que para trabajar en los servicios públicos, no sólo debería primarse el conocimiento de las dos lenguas, si no que debería ser una exigencia. Un médico en Valencia debería poder atender a sus pacientes en castellano y en valenciano.

Pero, por encima de estas disquisiciones, lo que me parece realmente preocupante es que por parte de determinados sectores y desde hace ya mucho tiempo, se esté haciendo de la cuestión de la lengua, de las lenguas, un instrumento de batalla política.

Aunque te pueda sorprender, personalmente no me siento cercano al independentismo, ni siquiera al nacionalismo (ni valenciano, ni catalán, ni español). Me siento ciudadano de los lugares en los que habito, en los que tengo afectos. Y por circustancias de la vida, me siento tan valenciano, como argentino, o colombiano, o ecuatoriano, o senegalés… porque son lugares en los que tengo afectos.

Y a pesar de ser castellano-parlante, creo que debería hacer más esfuerzos por hablar el valenciano, del mismo modo que si viviera en el nordeste argentino debería hacer esfuerzos por aprender el guaraní, o si viviera en Ecuador por aprender el kicwha.

Porque finalmente la lengua, las lenguas, son vehículos de comunicación, elementos de la identidad de los pueblos, un rasgo básico de su cultura. Por eso me apena que se haga de ellas un instrumento de batalla política (peor, politiquera), y me apenan posiciones de enroque como las de las dos personas de Valladolid que participaron en el programa de televisión.

Y finalmente, esa pena se convierte en cierta indignación cuando esas posiciones de enroque se hacen desde culturas dominantes. Y aunque escueza, la cultura castellana ha ejercido y ejerce de cultura dominante, no sólo frente a la catalana, la gallega y la euskera. También frente a la guaraní, la kichwa, la aymara… y tantas otras.

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