Votantes imbéciles

Abril 22, 2008

Ayer, en el marco de un curso del XVI Forum Universitari Juan Lluís Vives, tuve la oportunidad de compartir una mesa redonda con dos pretigiosos economistas, ambos profesores de la Universitat de València, y ambos en su momento con responsabilidades en la gestión de lo público: Josep María Jordàn Galduf y Joaquín Azagra.

La interesante intervención del profesor Azagra versó sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En su opinión (que comparto plenamente), el reto más importante que se ha planteado la humanidad.

En algún momento de su intervención, preguntó al público (en su mayoría jovenes estudiantes universitarios, que probablemente pudieron votar por primera vez en las pasadas elecciones) si habían escuchado a alguno de los candidatos hablar sobre estos Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Uno tiene la sensación de que los políticos piensan que sus votantes son imbéciles. Y lo más grave es que puede que tengan razón.


América Latina

Abril 22, 2008

Confirmada la victoria electoral de Fernando Lugo en las presidenciales paraguayas, me he molestado en dar un repaso a la situación en los 20 países que conforman la llamada América Latina.

Más de la mitad de ellos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela) se encuentran en manos de gobiernos de izquierda (en un sentido amplísimo, que va desde la socialdemocracia hacia posturas más progresistas). En esos doce países vive más del 60% de la población latinoamericana. Únicamente dos grandes países (en términos poblacionales), México y Colombia siguen en manos de gobiernos de derecha.

Como dice el amigo Juan de Testigo Accidental, en su comentario al post anterior, “Parece que América del Sur se está poniendo en pie y eso es una noticia buena para toda la humanidad. Espero que sus futuros gobernantes sepan agradecer la confianza que les han depositado y no les decepcionen”.

En cualquier caso, creo que vale la pena seguir de cerca esos procesos, apoyarlos en la medida de nuestras posibilidades, y criticarlos de manera constructiva cuando cometan errores.