Abril 11, 2008
Apurando mis últimas horas en Cochabamba, me atrevo a escribir algunas impresiones sobre lo que ví y conversé durante esta última semana en Bolivia. Y lo hago desde la vergüenza, la indignación y el escándalo al que aludía Fernando Cardenal en el prólogo de La Revolución ética, que mencionaba en el post anterior.
El próximo 4 de mayo, las autoridades del Departamento de Santa Cruz preparan un referendo sobre la autonomía departamental. En este departamento se concentran los grandes latifundistas del país y es la principal zona de producción de hidrocarburos. Según denuciaba recientemente el Relator Especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, Rodolfo Stavenhagen, en este Departamento todavía muchos indígenas guaraníes siguen viviendo en condiciones de exclavitud. El propio Stavenhagen, además de calificar el referendo de “unilateral y al margen de la Constitución”, denunció que ese estatuto incluye algunas disposiciones de tinte racista altamente lesivas para los derechos humanos de los pueblos indígenas de ese departamento.
En esta semana he podido visitar distintas comunidades indígenas quechua en el municipio de Tiquipaya, en el marco de un proceso de evaluación de un proyecto de abastecimiento de agua potable. Hasta el momento, las personas que habitan estas comunidades tenían que recorrer largas distancias para abastecerse de agua o beber en fuentes contaminadas. Aún hoy no tienen luz eléctrica. En esta situación vive parte de la población boliviana.
Frente a esta situación lucha (con aciertos y errores) el gobierno de Evo Morales, primer mandatario indígena en un país en el que más del 60% de la población es indígena. Algo que parece no gustar a las élites de Santa Cruz, lideradas por el empresario y terrateniente de origen croata Branko Marinkovic, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, apoyado económicamente por la embajada estadounidense.
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Escrito por javiibanyez
Abril 11, 2008
Recibo en Bolivia la triste noticia del fallecimiento de Carlos Núñez, educador popular mexicano.
Tuve la oportunidad de conocer a Carlos hace una década, en un encuentro en Cádiz en el que se reunieron educadores populares de toda América Latina. A ese encuentro estaba previsto que acudiera Paulo Freire, pero falleció pocos meses antes. Y pocos meses después fallecía el uruguayo Jose Luis Rebellato, con quien también compartimos en Cádiz.
Carlos, al igual que Freire, son presidentes honorarios del Consejo de Educación de Adultos de América Latina, red de organizaciones no gubernamentales con presencia en 21 países de América Latina y El Caribe, que desde la corriente de la educación popular trabaja a favor de la transformación democrática de nuestras sociedades, la conquista de la paz y los derechos humanos.
Muchos fuimos los que arrancamos nuestro trabajo en lo social cargados con los dos volúmenes de “Técnicas Participativas para la Educacion Popular” escritos por Graciela Bustillos, esposa de Carlos, y editados por el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario, que en aquella época él dirigía.
Tiempo después, tuvimos la oportunidad de volver a coincidir cuando vino a España a presentar la edición española su libro La Revolución ética. Fernando Cardenal, otro de los grades de la Educación Popular, escribía en el prólogo de este libro:
Hay en este libro un planteamiento muy claro contra la pérdida de “la capacidad de asombro, de vergüenza, de indignación o de escándalo, reacciones éstas que expresarían la dignidad, la capacidad de resistencia, de sueño, de lucha y de búsqueda de una sociedad justa”.
Carlos, muy acertadamente, señala no sólo los grandes pecados sociales de nuestra época, sino también la actitud de quienes van acostumbrándonos a ver todos estos hechos como naturales y hasta necesarios para un supuesto desarrollo económico de nuestros países.
Seguro que leer a Carlos, sería un buen homenaje en su memoria.
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Escrito por javiibanyez